Policia Nacional Boe

LIMPIA, FIJA Y DA ESPLENDOR… Este era el eslogan, o “slogan?” en el que la Real Academia de la Lengua Española, desde tiempo inmemorial, nos recuerda su propósito para con el idioma que se ocupa de introducir “palabras” o “palabros” (ante todo lenguaje inclusivo que no falte). Hasta aquí todo correcto.

Lo que no podíamos imaginar, ni yo, ni usted, ni los 16.754 candidatos a obtener plaza en la Policía Nacional, que se presentaban el pasado día 6 de marzo del corriente, era que, en la prueba ortográfica, cuan “ILUSTRES CATEDRÁTICOS” sentados en sus letras Mayúsculas o Minúsculas de tan insigne institución, se les iba a exigir un conocimiento tan preciso, del lenguaje cervantino. Y todo ello aderezado con los nervios propios que sufre aquél que se presenta a un sistema de selección de concurrencia competitiva. De tal forma que enfrentarse a palabras como ‘outlet’, ‘desfibrilar’, ‘prepago’ o ‘resetear’ (todas ellas son incorrectas por no estar admitidas por la RAE) pese a que el más común de los mortales pueda usarlas con total desparpajo de manera cotidiana y pese a estar correctamente escritas, derivan en que un opositor, con conocimientos técnicos necesarios suficientes, quede fuera por la extrema importancia que se le da a esta prueba. Que mal entendida, resulta extremadamente absurda, puesto que lo adecuado es acreditar capacidad de redacción y precisión en los relatos fácticos, no capacidad memorística, mas propia de una cacatúa. Y es que con el paso del tiempo, se ha desviado de forma absurda el propósito de esta prueba, tal y como de forma histriónica la política deforma el lenguaje cotidiano. Por ello, llegamos a la pregunta con la que iniciamos esta opinión, que se busca: ¿Policía Nacional o filólogo?

Porque en unas diligencias que puedan tramitarse es de vital importancia la meticulosidad, que permita entender aquello que se pretende, siguiendo criterios objetivos, que van más allá del uso de determinadas palabras, que más temprano que tarde, serán incluidas en el diccionario, como las que hemos visto hasta aquí. De este modo nos preguntamos ¿qué sentido tiene la prueba de ortografía?  Es imposible saberse el Diccionario entero, cerca de 100.000 palabras, para determinar qué vocablos están en él y cuáles no. Y tampoco se dedicará tiempo en aprender todas las actualizaciones que en esta materia se introduzcan cada año, y no son pocas.

Sin duda estamos en España, y somos famosos por nuestra capacidad de desvirtuarlo todo, de encumbrar circunstancias a las que no merece la pena dedicar 5 segundos de nuestra valiosa existencia, o de pasar de puntillas por hechos o datos que serían dignos de estudio meticuloso. No hay más que ver la parrilla de alguna de nuestras televisiones para darnos cuenta… pero claro, una cosa es la caja tonta y otra es la vida real, y en ésta, entran en juego, necesidades, sentimientos y todo tipo de circunstancias que no deberían permitir desvirtuar y deformar, cuan chicle en boca algo tan serio como es esto.

Siguiendo estos criterios tan peregrinos en la selección de nuestros servidores públicos, perdemos grandes candidatos vocacionales, con excelentes capacidades demostradas en la prueba de conocimientos. Nos perdemos la oportunidad de que entren personas que llevan años luchando y sacrificándose por su sueño de pertenecer al cuerpo de Policía Nacional, y primamos capacidades de dudosa utilidad en el devenir diario de la actuación policial. En definitiva…una pena, la verdad.

Esperemos que los sesudos lumbreras, encargados de la elección de las pruebas a las que nos referimos, hagan lo necesario para revertir esta sin razón en la que han entrado, y por ende han conseguido meter a un número sinfín de opositores que se ven obligados a invertir un tiempo precioso a memorizar vocablos que ni los filólogos sabrían si están o no admitidos por la RAE.

Jose Ignacio Rodríguez

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